Frente a este escenario, hay algunas cosas que vale la pena dejar en claro.
La Ley de Glaciares no vulnera el federalismo. Al contrario: aplica exactamente el esquema que prevé la Constitución en el artículo 41, que establece que la Nación fija los presupuestos mínimos ambientales. Los glaciares alimentan cuencas interjurisdiccionales: no es sólo una cuestión de dominio provincial, es una cuestión de seguridad hídrica nacional. La herramienta que tiene el Congreso para garantizar un piso común de protección sobre recursos estratégicos son exactamente los presupuestos mínimos.
Tampoco es cierto que la protección ambiental se oponga al desarrollo. Es una falsa dicotomía que el gobierno repite con comodidad. En un contexto de crisis climática, los glaciares están retrocediendo a un ritmo alarmante. Menos hielo significa menor aporte de agua en los momentos críticos del año, mayor variabilidad de los caudales, más sequías y más exposición a eventos extremos. No hay desarrollo productivo a largo plazo posible sin agua.
La modificación de la ley no le otorga seguridad jurídica a las inversiones. Todo lo contrario. Una norma que se sabe que va a ser judicializada genera incertidumbre, no previsibilidad. Lo que da seguridad jurídica real es una implementación seria del marco actual: completar y actualizar el Inventario, aplicar evaluaciones ambientales rigurosas y garantizar que las zonas críticas queden realmente protegidas. Cuando las reglas se aplican y se hacen cumplir, los proyectos saben dónde pueden operar y dónde no. Eso reduce litigios y da previsibilidad de largo plazo.
Lo que falta no es una ley nueva ni un régimen más laxo, sino voluntad política para implementar lo que ya existe. Lo que sobra es la disposición de este gobierno para entregar nuestros bienes comunes naturales a cambio de financiamiento externo y promesas de inversión que concentran la riqueza en unos pocos. Con el RIGI ya le garantizaron a empresas extranjeras beneficios impositivos y la libertad de llevarse los dólares afuera. Ahora siguen avanzando por lo único que les falta: la flexibilización ambiental para explotar nuestros glaciares. El negocio es redondo, pero no para los argentinos: nosotros nos quedamos con el riesgo ambiental y la falta de agua.
El agua no es una variable económica, es un derecho vital y los glaciares son su reserva estratégica. La ley es la herramienta que tenemos para protegerlos. La Ley de Glaciares no se toca.
Daniela Vilar, Ministra de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires.