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En esta entrega de Ambiente en Diálogo, el newsletter del Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires, queremos hablar de algo que está reconstruyendo el paisaje original de Buenos Aires: las plantas nativas bonaerenses.
Durante décadas, el avance de la urbanización y la introducción de especies exóticas fueron borrando el paisaje original de nuestra región. Hoy, estamos haciendo algo concreto para revertirlo. En esta edición te contamos qué son las plantas nativas, por qué su pérdida nos afecta y cómo el Plan Provincial Nativas Bonaerenses está reconstruyendo, árbol por árbol y arbusto por arbusto, el paisaje que perdimos.
Quizás las viste sin reconocerlas, en los bordes de una laguna, en las sierras, en algún jardín que se ve distinto a los demás. Las plantas nativas son aquellas especies vegetales que son originarias de una región y que, a lo largo de miles de años, se adaptaron a sus condiciones ambientales: sus suelos, sus lluvias, su clima, sus insectos, sus aves y sus ciclos naturales. No fueron traídas de ningún otro lugar: son parte del paisaje original de ese territorio.
Para entender por qué su pérdida importa, conviene distinguir algunos términos que se usan seguido. Una especie exótica es aquella que no pertenece naturalmente al lugar donde se encuentra. Es decir, fue introducida desde otro ecosistema, de forma intencional o accidental. Muchas plantas que vemos cotidianamente en ciudades, plazas o jardines son exóticas. En nuestro caso, el plátano es un ejemplo conocido.
Una especie invasora, en cambio, es aquella que, además de ser exótica, se adapta con tanta facilidad a su nuevo ambiente que se expande, coloniza el territorio y desplaza a las especies que habitan naturalmente en ese ecosistema. Dicho simple: toda especie invasora es exótica, pero no toda especie exótica es invasora.
El problema no es solamente que una planta venga “de otro lugar”. El problema aparece cuando esa especie modifica el ambiente donde se instala y rompe relaciones que tardaron miles de años en formarse. Muchas exóticas no tienen predadores naturales, no ofrecen el mismo alimento o refugio para la fauna local, consumen más agua, alteran el suelo o se expanden más rápido que las nativas. Por eso, aunque a veces estén naturalizadas en el paisaje, pueden generar impactos negativos sobre los ecosistemas.
Un ejemplo conocido es el de los pinos en distintas zonas del sur argentino. Aunque hoy muchas veces se los asocia al paisaje patagónico, fueron introducidos para la producción forestal. En determinados ambientes, su expansión puede reducir la biodiversidad, ocupar el lugar de especies nativas y aumentar la frecuencia e intensidad de los incendios, porque generan más material combustible, secan el ambiente y pueden adaptarse mejor al fuego. En contextos de veranos cada vez más secos y eventos extremos más frecuentes, esto vuelve más difícil la prevención y el control de los incendios.
En las ciudades también ocurre algo similar. Algunas especies exóticas muy usadas en veredas, plazas o espacios públicos cumplen una función estética, pero no siempre cumplen la misma función ecológica que las nativas. Las palmeras exóticas, suelen ofrecer menos alimento y reducir el hábitat disponible para aves e insectos. Y en un contexto de olas de calor cada vez más intensas, no es menor qué especie plantamos: la sombra, la humedad que libera la vegetación y la relación con la fauna local también son parte de la respuesta ambiental.
Incluso el césped tradicional de jardín, que muchas veces aparece como sinónimo de “espacio verde”, puede ser poco adecuado en determinados territorios. En climas secos demanda más agua y mantenimiento que especies nativas adaptadas a esas condiciones, como algunas cactáceas y plantas propias de ambientes áridos.
A diferencia de muchas invasoras que tienden a ocupar todo el espacio disponible, las plantas nativas forman redes de vida que conectan todo lo que nos rodea: aves que polinizan sus flores y dispersan sus frutos, insectos que se alimentan de ellas, mamíferos que encuentran refugio entre sus ramas. Cada especie nativa sostiene decenas de relaciones que hacen posible la biodiversidad.
Algunas de esas relaciones son tan específicas que, si una parte desaparece, la otra también puede verse afectada. Es el caso de la mariposa bandera argentina: sus orugas se alimentan principalmente de coronillo e ingá, especies nativas. Esto sucede porque muchos insectos solo pueden alimentarse de plantas con las que evolucionaron y cuyos compuestos químicos pueden asimilar.
El problema es que fuimos perdiendo ese paisaje. La urbanización, los monocultivos y la introducción de especies exóticas fueron reduciendo la presencia de nativas en nuestros territorios. Y cuando las especies invasoras avanzan, no solo desplazan plantas: también alteran las condiciones para que vivan aves, insectos, polinizadores y otras formas de vida asociadas. El impacto es enorme: las especies exóticas invasoras tuvieron un papel clave en el 60% de las extinciones mundiales conocidas de plantas y animales.
Perder una planta nativa no es solo perder una especie. Es romper un eslabón en una cadena que tardó muchísimo tiempo en formarse. Por eso, recuperar nativas no es una cuestión decorativa: es una forma concreta de recomponer ecosistemas, fortalecer la biodiversidad y volver a construir paisajes más vivos, más sanos y más propios.
Entender que hay un problema es el primer paso. Hacer algo concreto para resolverlo es otro. Por eso, en 2020 a través de la Resolución 298/20, desde la Provincia de Buenos Aires creamos el Plan Provincial Nativas Bonaerenses con un objetivo claro, impulsar la recuperación del paisaje original y revalorizar el patrimonio natural bonaerense.
El Plan apunta a fortalecer el vínculo entre la provincia y su patrimonio natural, con la conservación de la biodiversidad como horizonte. Para eso, construir un sistema de viveros productivos de especies nativas y ampliar las capacidades del sector público para producirlas y distribuirlas, es esencial. Desde la creación del Ministerio ya financiamos la creación y el fortalecimiento de 33 viveros en municipios, puertos, universidades y ONGs, ampliando significativamente la capacidad productiva de toda la provincia.
Las plantas producidas en los viveros las destinamos a proyectos de forestación e intervenciones paisajísticas diseñadas por equipos profesionales para naturalizar el entorno y atraer biodiversidad de toda la provincia. Nuestro objetivo a futuro es seguir incentivando actividades que contemplen la reforestación y la planificación de infraestructura verde con especies nativas.
A esto se suma un trabajo sostenido de comunicación, difusión y capacitación para generar vínculos con la comunidad, porque ningún plan ambiental funciona sin que la gente lo conozca y lo haga propio. El Plan también articula políticas ambientales con instituciones educativas y municipios, de esa manera promovemos estrategias de educación ambiental para generar conciencia y un compromiso colectivo con el ambiente. Durante la gestión realizamos 112 capacitaciones a municipios e instituciones y desarrollamos 10 materiales pedagógicos específicos sobre la temática.
Desde su creación hemos producido más de 150.000 plantas nativas y entregamos más de 105.334 ejemplares en todo el territorio bonaerense. Una política pública que creció con cada gestión y que hoy tiene raíces en toda la provincia.
Así se recupera un paisaje: los tres ejes estratégicos del plan
El Plan no se apoya en una sola acción. Se estructura en tres ejes estratégicos que trabajan de forma articulada: la producción en viveros, la formación de quienes cuidan el territorio y la planificación del paisaje. Cada uno es necesario y ninguno funciona sin los otros. ¡Veamos más en detalle cada uno de ellos!
Antes de que una planta nativa llegue a una plaza, una escuela o la orilla de un río, alguien tuvo que cultivarla. Ese es el punto de partida del Plan: construir y fortalecer una red de viveros capaces de producir especies nativas a escala provincial.
A través de una línea de financiamiento, el Plan incentiva la creación de nuevos viveros y fortalece los que ya existen, con un foco particular en resguardar la genética local de cada especie. El objetivo es contar con una red productiva provincial capaz de abastecer proyectos de conservación, restauración y revegetación a gran escala. Hoy esa red existe, con una siembra anual estimada de 30.000 semillas y un stock actual de 30.000 árboles, arbustos y herbáceas.
En 2025, financiamos 7 nuevos viveros en municipios que no contaban con producción de flora nativa, invertimos en infraestructura como invernaderos, umbráculos y sistemas de riego. Además, brindamos asistencia técnica a 36 municipios y 12 instituciones educativas en 10 distritos provinciales. Los proyectos que surgieron de esa red incluyen forestaciones de espacios verdes, corredores biológicos y jardines de mariposas.
Cada vivero es un punto de partida. Y hoy ya tenemos 33 en toda la provincia.
Tener viveros y plantas no alcanza si quienes cuidan el territorio no saben cómo trabajar con especies nativas. Por eso, la formación es uno de los pilares del Plan.
Las capacitaciones abarcan un abanico amplio de temáticas: viverismo, biodiversidad, planificación de espacios verdes urbanos, restauración ecológica, naturalización del paisaje y hasta usos domésticos de las plantas nativas. La idea es que el conocimiento llegue a todos los niveles, desde técnicos municipales hasta docentes y vecinos.
Durante la gestión desarrollamos dos ciclos de capacitaciones sobre producción, propagación y cultivo de especies nativas, con más de 100 participantes, y brindamos asistencia técnica para mejorar la producción en 45 municipios. Además, 14 instituciones educativas se sumaron con proyectos propios de forestación, corredores biológicos y jardines de mariposas.
Pensar un espacio verde es entender cómo ese espacio va a funcionar en el tiempo, qué biodiversidad va a albergar, cómo va a interactuar con el entorno y qué recursos va a demandar. Para eso, el Plan trabaja junto a los municipios en la planificación integral del paisaje, acompañando el desarrollo de iniciativas estratégicas para las áreas verdes que sean sostenibles y que contribuyan a la renaturalización de cada localidad.
Durante el último año entregamos 11.424 árboles, arbustos y herbáceas a municipios, organizaciones sociales, hospitales, escuelas, plazas y parques de toda la provincia, con una diversidad de 82 especies distintas.
Pero el impacto va más allá de lo visual. La incorporación de arbolado urbano y cobertura vegetal nativa es una herramienta clave frente al cambio climático, especialmente en las ciudades. Las plantas reducen la absorción de calor en superficies impermeables, generan sombra sobre edificios y pavimentos, mejoran la circulación del aire y, a través de la evapotranspiración, enfrían el ambiente. En otras palabras: atenúan el efecto de islas de calor que afecta a millones de personas en los centros urbanos.
El paisaje de Buenos Aires no se perdió de un día para el otro. Se fue yendo de a poco, árbol por árbol, especie por especie, sin que casi nos diéramos cuenta. Y así como se fue, puede volver: de a poco, con decisiones sostenidas y con una comunidad que entiende por qué importa.
Conocer qué son las plantas nativas, por qué su pérdida nos afecta y qué se está haciendo para recuperarlas es el primer paso. Porque las políticas ambientales se sostienen cuando hay una sociedad informada que las acompaña, las exige y las hace propias.
Para eso existe este espacio. Para que lo que pasa con el ambiente de la provincia no sea algo lejano o técnico, sino una conversación que nos involucra a todos. Plantar una nativa en una plaza no es solo un gesto estético. Es una decisión climática.
Si llegaste hasta acá, hay recompensa! Te dejamos el catálogo de Plantas Nativas Bonaerenses que elaboramos desde el Ministerio.
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